12.3.18


Se establecieron 8 horas en la jornada laboral y cargos públicos por elección popular con derecho a revocarlos. Diseño: Vladimir García.

La Commune de París fue la primera experiencia de Gobierno Socialista en el mundo, que unió a trabajadores y mujeres en contra de las medidas capitalistas que generaron miseria y explotación a quienes decidieron tomar el cielo por asalto.
 15 mil serían las y los voluntarios que defenderían hasta el último aliento el germen socialista que hoy combate globalmente contra las terribles consecuencias de la crisis del capital.

De aquel histórico momento, Carlos Marx consideraba que las y los comuneros perdieron demasiado tiempo en la organización de elecciones, período que pudo invertirse en pulverizar por completo el capitalismo que imperaba en Versalles.

Una de las omisiones fatales de la insurrección popular hecha gobierno fue no tomar posesión de la sede del Banco Nacional de Francia, ni de sus recursos; no eliminando así al enemigo, ocasionando lo que hábilmente sabe hacer la burguesía: Terminó financiando al ejército que masacró a las y los comuneros. Sin embargo, nos dejó esta barricada de dignidad para seguir luchando hasta vencer.

A 147 años del esfuerzo comunero mundial publicamos el trabajo realizado por l@s camaradas Jeisón Rondon, Yosmary Delgado, Ezio Assiso, Vladimir Garcia y Luis Gadea para la publicación impresa de CiudadVLC sobre la importancia de la consolidación de La Comuna.


En marzo de 1871, las calles de París presenciaron como un maltrecho y derrotado ejército francés intentó arrebatar un grupo de cañones que se encontraban en custodia del pueblo de la ciudad y de su Guardia Nacional. La situación dio un giro total cuando el día 18, una multitud de mujeres humildes detiene y persuade a los soldados. 
El pueblo tiene las armas en su poder y el aparato burgués se desmorona.
Se abre el escenario para una de las mayores y más transcendentales iniciativas de la historia. El
comité central de la Guardia Nacional, única autoridad en pie, renunció públicamente a sus
poderes y llamó a la realización de elecciones abiertas para la constitución de un Consejo Comunal como órgano máximo de la Comuna. Los 92 miembros electos fueron en su mayoría obreros, artesanos y reconocidos representantes de los trabajadores y la lucha social, con cuya elección se creaba un poder de un tipo totalmente nuevo.

Los obreros armados establecieron a todo el pueblo en pie de guerra e impusieron sus condiciones. Todos los funcionarios, antiguos y nuevos serían en lo sucesivo responsables ante las asambleas de vecinos y pudiendo ser revocados de sus puestos en absolutamente cualquier momento, esto era tanto para los diputados como para policías, jueces y oficinistas. Ninguno de ellos, por cierto, recibiría más que el sueldo mínimo de un obrero. Se eliminó la careta hipócrita de la división de poderes, ni parlamentos ni ejecutivos, sino una sola corporación de trabajo que igualaba al Estado con cualquier unidad productiva. Los diputados, bajo control popular, debían hacer cumplir y ejecutar por sí mismos las leyes y resoluciones que aprobaban.

Los siguientes dos meses fueron de una actividad acelerada en los cuales la Comuna emprendió una serie de tareas, hasta entonces consideradas descabelladas o simplemente imposibles de imponer en la práctica. 

Implementación de la liberación del pueblo como autogobierno 


La Comuna demostró que era posible una jornada de trabajo de 8 horas, que la colectividad puede asumir la economía de cuidados con la constitución un sistema de salud gratuita y de guarderías para los hijos de las trabajadoras; se demostró más que factible la educación gratuita y universal y el centralizar las propiedades y bienes en abandono, desuso o subutilizados para la garantía del empleo y la vivienda; por esto y más, la Comuna no solo constituyó una luz sobre el oscuro panorama social del siglo XIX, sino que también resplandece con fuerza por sobre el horizonte de los siglos XX y XXI.
Una luz que llama a la vergüenza  el moderno mundo del capital monopólico mundializado, el mundo de la genética, la digitalización y la robótica, que se ha demostrado incapaz de resolver muchos de los problemas ya abordados tan tajantemente por la Comuna de París.

Pero ¿Qué lección dejó La Comuna? ¿Cuál fue su enseñanza principal? Lo más importante es que con la Comuna no se trata de un gobierno que instaura una serie de decretos y leyes benéficas, no se contentó con ser un movimiento de las bases para la instalación de un gobierno en el manejo del aparato del estado burgués, sino un esfuerzo del trabajo por crear su propio Estado, como condición política previa e indispensable para su emancipación social y económica.

No era la Comuna un aparato que mediatizara la voluntad popular sino expresión del movimiento vivo de la clase toda. Un Estado que, sin embargo, es la antítesis más completa de su contraparte burguesa, pues es el conjunto todo de los trabajadores que entran en masa a la toma de decisiones, imposible que no se traduzca en un simple cambio de administración, en el más profundo trastrocamiento de las relaciones sociales, en la elevación de los trabajadores a la calidad de clase dominante.
En su momento de mayor desesperación, de mayor urgencia, la lección para la historia y los pueblos, de parte de las y los trabajadores de París puede sintetizarse en una frase de su propio manifiesto público: “Tomar los asuntos públicos en sus manos [del pueblo organizado] y salvar la situación [superar la crisis]”.

Claridad y firmeza en Venezuela 

Hoy que el esfuerzo comunero cumple 146 años, el pueblo venezolano ha demostrado la voluntad de sumarse a esta trascendental lucha.
En momentos de decadencia y crisis mundial del capitalismo y, por lo tanto, de avance furioso y desesperado de las fuerzas del capital, el ejemplo de la Comuna es una guía que desde lo profundo del pasado llena de esperanzas el presente y futuro. No se debe permitir que la idea de la Comuna, de la forma política que ha de tener la emancipación del trabajo, sea manoseada vilmente o relegada sin más al olvido.

La claridad y la firmeza son las únicas garantías de triunfo en el actual cuadro de confusiones generalizadas. Por eso resulta vital tener presente, como ejemplo vivo, como una vivencia profunda, rectora de la vida de nuestro movimiento, la historia de lucha de los pueblos del mundo, de ese gran pueblo del mundo, que es la humanidad explotada y ofendida.

Hoy más que nunca, Venezuela deber ser una barricada de dignidad.

Jeison Rondón

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